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Tamaisan

Antes de nada, me presento. Me llamo María Bueno, tengo 23 años, soy enfermera y, si hay algo que me define especialmente, es ser scout. Soy scout del Colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid, donde estudié, y fue precisamente allí donde empezó todo.
Fraternidades Marianistas Provincia de Madrid

Fraternidades Marianistas Provincia de Madrid

publicado el 24 septiembre 2026

Este año me he hecho viral por un vídeo emocionada con el Papa, un momento de
oración íntimo que de repente vio todo el mundo. Eso me hizo sentir muy expuesta
y me dio mucha vergüenza. Vergüenza porque no soy una cristiana perfecta, y no
quería que aquello pareciera postureo, porque creo que estamos llamados a pasar
de la oración a la acción.

tamaisan kenia ffmm 04

Pero al mismo tiempo entendí que no tenía nada de
malo, y decidí ser valiente y aprovechar esta oportunidad para contar
precisamente eso: una experiencia que me ha hecho salir muchas veces de mi
zona de confort y que hoy también me da fuerza para escribir estas palabras.
Como Jesús nos recuerda, estamos llamados a ser sal de la tierra.

Antes de nada, me presento. Me llamo María Bueno, tengo 23 años, soy enfermera
y, si hay algo que me define especialmente, es ser scout. Soy scout del Colegio
Nuestra Señora del Pilar de Madrid, donde estudié, y fue precisamente allí donde
empezó todo.

tamaisan kenia ffmm 03


Hace ya cuatro años, tres amigas de mi edad y yo estábamos en nuestro último
año como niñas en el grupo, en la etapa de Rutas. En esta etapa realizamos un
proyecto de servicio con el que culminamos nuestro camino como scouts,
intentando, como dijo Baden-Powell, fundador del escultismo, “dejar el mundo un
poco mejor de como lo encontramos”.


Empezamos a buscar, a organizar actividades y a conseguir dinero, pero no
teníamos claro qué queríamos hacer. Nos surgían muchas dudas. Queríamos ser
fieles a nuestros principios y no meternos en un proyecto solo porque nos hiciera
sentir bien. Sobre todo, queríamos llevar el escultismo a otro lugar, compartir
nuestra forma de vivir y de servir con niños que quizá nunca habían tenido la
oportunidad de vivir algo parecido.


Y entonces apareció Tamaisan, un proyecto educativo en la misión de Lobur, en
Turkana (Kenia), a través de unos jóvenes que ya habían colaborado allí el verano
anterior con la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol (MCSPA). Desde el
principio nos sentimos muy cómodos con el proyecto.

tamaisan kenia ffmm 02


Pero tener muchas ganas no hizo desaparecer las dudas, los miedos ni las
dificultades. Nos preguntábamos si aquello serviría realmente para algo, si todo el
esfuerzo merecería la pena, si seríamos capaces.


Y, al final, llegó el momento. En agosto de 2023 realizamos el primer Tamaisan
Summer Camp, un campamento de dos semanas para más de 100 niños de
Turkana. Esta es una región marcada por la pobreza, la sequía y los conflictos
tribales, donde distintas comunidades llevan generaciones enfrentadas. Por eso,
además de creer profundamente en el derecho al juego y en que todos los niños
tienen derecho a ser, sencillamente, niños, para nosotros es muy importante que
el campamento sea un espacio donde puedan convivir, compartir y descubrirse
iguales. Así, durante dos semanas, conviven en el colegio y participan en juegos,
deportes, talleres y momentos de oración, creciendo en valores como la paz, la
amistad, la generosidad y la esperanza.

tamaisan kenia ffmm 01


Y por eso el proyecto nos robó el corazón. Nos abrió los ojos y nos puso al servicio.
Nos hizo sentir profundamente agradecidos, a pesar de nuestras dificultades,
tenemos muchísimo por lo que dar gracias.


También descubrimos algo que se repite cada vez que uno se acerca a la misión:
que Lobur no es solo un lugar al que vas a ayudar. Recibes muchísimo más de lo
que das. Como nos dice Maque, que vive en Lobur como seglar, aquel lugar es «el
hospital del alma». Nos quitó miedos, nos hizo crecer y nos dejó una huella que
todavía llevamos con nosotras. Y a través del ejemplo de Maque vimos también un
Evangelio vivo: el de quien deja comodidades, se pone al servicio y sale al
encuentro de los demás.


Con todo eso volvimos a España. Y volvimos al año siguiente, y al siguiente. El
proyecto fue creciendo y nosotros seguimos comprometidos con él.
Este año he vuelto a Lobur después de dos años sin estar allí, ya que el año
anterior había estado de prácticas en Camerún (aunque esa es otra historia). Esta
vez volvía diferente, siendo enfermera de verdad, con todas las lecciones de
Camerún, y coordinando el campamento junto a mi amiga Sonia. Sin embargo, los
miedos volvían a aparecer, pero esta vez, también crecían las certezas. En cuanto
llegué me di cuenta de cuánto había cambiado todo: yo había crecido, y el
proyecto también. El colegio había crecido, y estábamos viendo cómo se hacía
realidad algo fundamental para nosotros: los valores que trabajamos en el
campamento poco a poco estaban calando en los niños.


El campamento salió realmente bien, y lo que pasó el último día nos lo confirmó.
Durante la despedida, se levantó un niño llamado Titus Etabo y, con una valentía
que nos dejó a todos sin palabras, se dirigió a los padres y les dijo que tenían que
dejar a sus hijos ir al campamento porque allí aprendían a servir, a cuidar, a amar,
a vivir en paz y a respetar a los demás.


En ese momento entendimos que, quizá, sí estábamos consiguiendo aquello que
buscábamos cuatro años atrás. No cambiar el mundo entero. Simplemente, como
decía Santa Teresa de Calcuta, no siempre podemos hacer grandes cosas, pero sí
pequeñas cosas con un gran amor. Y quizá eso es Tamaisan para nosotros:

María Bueno
Madrid

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