Ceuta es una cosa, la inmigración es otra

Conmovidos por lo acontecido en Ceuta, el 30 de julio de 2026, con el “asalto” (entrada, cruce de la frontera, invasión … el nombre, en parte, es lo mismo) de unas 60.000 a 70.000 personas en dicha ciudad que tiene una población censada en unos 83.000 habitantes (una locura la proporción entre los que entraron frente la población de la ciudad), me atrevo a escribir (con todo el riesgo que significa: no estar acertado, explicaciones y sus interpretaciones, malentendidos, posiciones de cada uno, sin posibilidad de matices posteriores … lo escrito ahí queda) sobre la inmigración, tanto por el trabajo que se realiza en y desde Fraternidades con personas refugiadas, o inmigrantes, o vulnerables o … el nombre, como antes, en parte, es lo mismo, ¿o no?.

Ceuta es una cosa

Lo ocurrido en Ceuta no trata, en sí mismo, de inmigración.

En mi opinión, es un problema generado por Marruecos, de forma explícita u orquesta o no, por dejadez, por connivencia … por lo que sea, pero generada y provocada por Marruecos (o en Marruecos).

Un problema social de Marruecos que lo “pasa” al otro “lado”. Un problema social de Marruecos sobre su propia población (Marruecos tiene una población de 38 millones de personas -no está claro si esta población es la que vive en territorio marroquí, si se incluye a los saharauis …- y unos 3,5 millones de marroquís fuera del país – el 90 % en Europa siendo los tres países con más presencia en Francia, España e Italia) donde no existe unos derechos básicos, una sociedad con unos valores determinados, una situación económica empobrecida y desigual y … con unas elecciones parlamentarias internas el 23 de septiembre de 2026 (no hay que olvidar este punto para la instrumentalización de lo ocurrido o provocado).

Y lo más importante, la generación de un gravísimo problema social (y político territorial), primero a los ceutís, luego a España y luego a Europa. Una situación de convivencia social y económica muy dura para Ceuta (no olvidar lo económico). Donde existen en sus calles, parques, playas unas ¿? 10.000 a 12.000 personas hacinadas, acampadas, durmiendo, etc. Un hecho bastante insostenible y de gran desgaste social y humanitario (porque no decirlo, y humanitario).

Sin olvidar la muy deficiente gestión de esta crisis por parte de España (da igual si el Gobierno, la oposición, etc que es un reflejo de la triste situación política que existe en nuestro país, autonomía y ciudad, a nivel político y participación ciudadana).

Por supuesto, todo lo anterior es cuestionable y opinable.

PD a “Ceuta es una cosa”: por falta de espacio, y por no ser un artículo solo sobre Ceuta, existen tres temas, a mencionar, que se “causaliza” o se añade. El tema de la Regularización 2026, el tema de las redes sociales y el millón y medio de móviles y sus mensajes en Marruecos y el tema de la sentencia de Tribunal Supremo.

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La inmigración es otra cosa

Se esta “uniendo” lo ocurrido en Ceuta con la inmigración, con los movimientos migratorios (el concepto de expulsión está pasando al concepto de remigración utilizada por algunos partidos, por ejemplo). Pero son dos hechos diferentes, dos motivaciones diferentes, dos causas diferentes (de ahí el título de este modesto y opinable artículo) aunque ha finalizado, en parte, en un “problema de personas inmigrantes”.

La inmigración / emigración, el flujo migratorio, la movilidad de personas, “siempre” ha existido (visión de España). Del campo a la ciudad, con lo que supuso en España en los años 1950 y 1960. De un país a otro, cuando los españoles emigraban a Cuba, Venezuela o Argentina. O cuando se viajaba desde España a Alemania principalmente después del Plan Estabilización Económica de 1959 (¿no es el turismo una migración temporal corta, que hacemos todos, que también genera problemas de convivencia y gestión?).

ceuta ffmm alex fdez de la peñas

España como país receptor de emigración extranjera de otros países, comenzó posiblemente con los primeros asilados en la década de 1970, finales, con algunos latinoamericanos que venían huyendo de las dictaduras de sus países (Chile, Argentina, Uruguay … la fundación de CEAR – Comisión Española de Ayuda al Refugiado)

La primera patera, cayuco que llegó a nuestras costas “oficialmente” fue en noviembre de 1988 en la playa de Tarifa. Es a partir de finales de los años 1980s y sobre todo en la década de 1990s. cuando España es destino migratorio (o de paso a otro país europeo) de personas extranjeras (latinoamericana y africana principalmente).

La realidad migratoria “extranjera”, hoy, 2026, ha evolucionado mucho. España con una natalidad muy baja, con un crecimiento vegetativito negativo (nacen unos 320.000 niños al año, donde el 18 % es de madre no española, hay unos 440.000 de fallecimientos anuales y envejecimiento de la población, solo “crece” poblacionalmente por la llegada de estos emigrantes). A finales de 2026, España llegará a los 50 millones de habitantes. Desde el 2016 a 2026 ha crecido su población en unos 3 millones (la entrada de emigrantes, principal o mayoritariamente por avión, restando el saldo vegetativo de unos 120.000 menos al año, hace que sea unas 300.000 personas en neto de crecimiento poblacional al año).

Más o menos, de 50 millones de habitantes en España, unos 10 millones son de origen extranjero (también de la Unión Europea), un 20 % en número redondos.

La inmigración es una realidad española, europea y de algunos otros países.

La respuesta que nuestra sociedad a este reto social: acogida, autonomía, posible integración, educación, sanidad, “asimilaciones”, trabajo, vivienda – un gran problema para todos -, derechos, vulnerabilidad, “papeles”, nacionalidades, convivencia, oportunidades, deberes, impuestos, cotizaciones seguridad social, cuidados … Es donde se está jugando el futuro de nuestra sociedad.

En Fraternidades de la Provincia de Madrid, ya se vio en la Asamblea Provincial El Escorial 2016 con la línea de acción de ENCARNAR AL REFUGIADO. Un grano de arena en esa respuesta a este reto como sociedad. El proyecto que comenzó en el 2018 es una fuente de realidad, de acompañamiento, de visión, de frustración – porque no decirlo – ante una realidad compleja y dura.

¿Cómo continuará esta realidad social?

¿Cómo continuará la inmigración?

 Pues dependerá de como “miremos” esta realidad. No solo como “miremos” (¿qué mirada tienes tú?), sino que “respuesta” demos (sea una respuesta pequeña, local, de proximidad) aunque sea individual y sobre todo que “futuro imaginamos”, con ellos, para nuestros retos y problemas de nuestra sociedad.

Mateo, 25  35-36

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Alejandro Fernández
Fraternidad “El Arca de Noé”
Septiembre 2026

Taize Fraternidad Cream Jerez

Tras una semana muy intensa, y aún con resaca emocional y espiritual, queríamos enseñaros y contaros gran parte de lo vivido en Taizé.

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Han sido 8 dias, aunque, más que 8 días, diría que han sido 8 regalos:

1- La oportunidad de conocer a otros jóvenes de la familia marianista de toda España y a jóvenes de diferentes partes del mundo, culturas y confesiones. Ha sido increíble el buen ambiente y el sentimiento de grupo que ha surgido desde el primer momento, donde la complicidad, el apoyo y la cercanía nos han unido muchísimo y nos ha convertido en amigos en cuestión de horas. Un auténtico espíritu de comunidad que nos ha hecho sentir verdaderamente en casa.

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2- La oportunidad de profundizar en la oración a través del silencio, los cantos meditativos y la paz que se respira en cada encuentro en la Iglesia de la Reconciliación.

​3- Descubrir que una comida simple y una conversación sentados en el suelo o en un banco de madera, son más que suficientes para reconectar con lo importante.

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​4- Los grupos de compartir: espacios donde escuchar y expresarse con libertad, hablando de fe, dudas y vida con personas de realidades muy distintas que acaban sintiéndose cercanas.

​5- Descubrir que la fe y la comunidad también se celebran a lo grande en Oyak entre guitarras, canciones, bailes, risas y conversaciones compartiendo un refresco o un crêpe.

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​6- Fregar platos, limpiar baños o repartir la comida entre risas y cantos, descubriendo la belleza y la alegría de cuidar a los demás en las cosas pequeñas ¡En todo amar y servir!

​7- Comprobar que el amor de Dios que nos une, es infinitamente más fuerte que cualquier frontera, idioma o confesión.

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​8- Regresar a casa con la mochila cargada de recuerdos inolvidables y con el corazón lleno de esperanza, paz y el compromiso de seguir construyendo comunidad en nuestras vidas cotidianas.

Por supuesto, nada de esta experiencia habría sido igual sin los religiosos marianistas y los fraternos que nos han acompañado estos días. Gracias por vuestro tiempo, por las conversaciones de corazón a corazón, por sumaros a cada risa y por ayudarnos a exprimir al máximo lo que Taizé tenía preparado para nosotros. ¡Sois un regalo inmenso!

Taize Verano 2026
Fraternidad Cream Jerez

Ceuta: una frontera que nos invita a detenernos

No me convence la expresión «crisis migratoria» para describir lo que está sucediendo en Ceuta. Una crisis parece hablarnos de un acontecimiento puntual, algo que irrumpe y que, algún día, terminará. Pero las personas que migran hasta aquí traen consigo una historia que comenzó mucho antes de alcanzar esta frontera. Años de camino, países atravesados, familias y amigos dejados atrás y, a veces, la pérdida de quienes emprendieron con ellos el viaje. Buscan una vida más amable, más humana. Llamar a todo ello simplemente «crisis migratoria» puede desvirtuar una realidad mucho más profunda y, de algún modo, envilecerla.

Ceuta Miguel Guillén FFMM Septiembre 2026

Pero hay otra realidad que también merece ser mirada. La de quienes viven aquí y ven cómo su vida cotidiana puede verse condicionada por una situación que no han elegido. Y entonces aparece la tensión.

Yo también me encuentro ante ella.

Ceuta me obliga a detenerme.

Y quizá detenerse sea ya una forma de comenzar a comprender.

¿Qué haría Jesús ante esta realidad?

Pienso en aquella imagen del Evangelio: «ovejas sin pastor». Ante quien aparece vulnerable, perdido, después de un largo camino, la primera respuesta no puede ser otra que la compasión. Antes que una categoría, hay una persona. Antes que un problema, una historia. Antes que una frontera, un ser humano.

Pero la historia continúa.

Y aquí aparece la necesidad de la pausa.

Vivimos con demasiada prisa para comprender. Queremos respuestas inmediatas, posiciones claras, un «todo» o un «nada» que nos permita colocarnos rápidamente a un lado. Pero la realidad humana rara vez cabe en dos palabras.

La emergencia puede reclamar acogida y protección. Después puede llegar el momento de acompañar, enseñar y comprender. Y, más adelante, el de asumir responsabilidades: conocer las normas, respetar los límites y participar en la construcción de la convivencia.

No todas las personas se encuentran en la misma situación. Un niño vulnerable y dependiente necesita protección. Un adulto, una vez superado el momento inicial y comprendida la realidad que le rodea, puede ser llamado progresivamente a la autonomía y a la responsabilidad.

La compasión no desaparece. Se transforma en acompañamiento.

Y también quienes acogemos necesitamos una pausa: para reorganizar nuestros miedos, revisar nuestras certezas y aprender a convivir con una realidad que nos desborda.

Quizá ahí podamos descubrir la sabiduría del límite.

Un límite no tiene por qué ser un muro. Puede ser un marco que protege, ordena y hace posible que diferentes personas compartan un mismo espacio. Pero un límite que deja de reconocer la dignidad del otro deja también de ser sabio.

Ceuta es una frontera. Un lugar de paso, pero también un lugar de encuentro. Un umbral.

Y quizá por eso pueda hablarnos de nuestras propias fronteras.

Porque todos tenemos algo que proteger y algo que acoger. Todos hemos sido alguna vez quien llega y, en algún momento, quien abre la puerta.

Por eso estas palabras no pretenden decir al lector qué debe pensar sobre Ceuta. Yo también estoy aprendiendo a mirar. Ceuta me obliga a detenerme, a aceptar la complejidad y a preguntarme cómo responder sin perder la perspectiva del Evangelio.

Quizá la pregunta final no sea solamente qué hacemos ante quienes atraviesan nuestras fronteras.

Quizá sea otra, más incómoda y más universal:

¿Qué ocurre dentro de nosotros cuando alguien atraviesa nuestras propias fronteras: las de nuestra comodidad, nuestras certezas, nuestros espacios y nuestros límites?

Tal vez la respuesta necesite precisamente eso que tanto nos cuesta: un poco de espacio, un poco de tiempo y una pausa.

Tal vez ahí comience el verdadero discernimiento.

Miguel Guillén
Fraternidad San Agustín