Acción Marianista: una manera de estar en el mundo
En noviembre, el Patronato aprobará los proyectos que Acción Marianista promoverá en 2027. Detrás de cada decisión hay una forma de mirar que nace del carisma marianista. Como cada otoño, la comisión de valoración se acerca a cada solicitud de nuestros socios locales con profundidad y en detalle, pasando también por el corazón la dedicación y el compromiso de cada propuesta. En la convocatoria 2026 se solicitaron 600.000 euros para 40 proyectos en 18 países, y se aprobaron 33 proyectos por 275.000 euros en 16 países.

Acción Marianista no ejecuta proyectos sobre el terreno: los promueve junto a 25 socios locales, en su mayoría comunidades religiosas y laicas marianistas, presentes en 22 países. Con socios locales que estaban presentes hace décadas, como las religiosas marianistas que abrieron en 1963 el Colegio Adèle de Kara (Togo), el primero de secundaria para chicas del norte del país, o la Fundación Chaminade que lleva 20 años en el sur de Bogotá convencida, como dice Rodrigo Betancur sm, de que «la letra con hambre no entra». Nuestro papel es sostener y acompañar parte de su camino y el del resto de nuestros socios.

Educación, sanidad y promoción social son, en el fondo, un solo ámbito: la promoción humana. La educación reúne 20 de los 33 proyectos de 2026: como las becas para alumnado con necesidades educativas especiales en Colombia, la formación profesional en Kenia o becas para mujeres en el Instituto Superior de Informática Chaminade de Kinshasa, donde Kanika lo tiene claro: «quiero convertirme en analista programadora». En sanidad, con atención de la salud mental en Togo o con las adolescentes de Austagram (Bangladesh) cuando cuentan que «antes no sabíamos estas cosas, pero ahora las ponemos en práctica». La promoción social toma también formas muy concretas: con un horno de pan que gestionan mujeres en General Roca, un taller de panadería en la unidad penal de Junín, microcréditos agrícolas a mujeres en Togo…

Los criterios de valoración son conocidos y comunes para todos (publicados en la web), y detrás de cada uno hay una manera de mirar. Queremos que las personas destinatarias sean protagonistas de su desarrollo. Damos importancia a lo pequeño, porque toda persona merece sus derechos sea cual sea el tamaño del proyecto. No tenemos prioridades geográficas, sino de contexto social, y no retiramos el apoyo cuando un país entra en crisis: sería castigar dos veces a su población. Buscamos obras con vocación de permanencia y proyectos que no pierdan calidad ni calidez. Y cuidamos que nadie dependa de nosotros: valoramos a quienes tienen otras fuentes de financiación. La puntuación ordena, pero no decide sola: trabajar a 10.000 kilómetros solo es posible desde la confianza, construida con años de estilo compartido. Como contaba Jorge, voluntario en Ranchi, promover proyectos es montar una bicicleta pieza a pieza: hay que acompañar todo el montaje y estar ahí cuando uno recorre el camino y cuando uno se cae.

¿De dónde nace todo esto? De la fe y del carisma marianista, que pone a la persona en el centro. En Navidad lo decimos con «Un niño dijo te amo»: un te amo conjugado en terceras personas, que se hace concreto en una revisión médica, una matrícula escolar o un menú de mediodía. Por eso no damos: facilitamos oportunidades. No cubrimos necesidades: construimos caminos de igualdad. En los colegios lo vivimos con «Esto va de 3»: entre dos mundos siempre cabe un tercer lugar, el del encuentro, donde pasamos del yo al nosotros.

Cuando el Patronato apruebe la relación de 2027, detrás de cada proyecto habrá una comunidad en terreno trabajando con los destinatarios y muchas personas en España que lo hacen posible. Juntos y junto a otros, seguimos poniendo cada día el corazón y el propósito en la promoción humana.
Silvia de Diego