Tamaisan

Este año me he hecho viral por un vídeo emocionada con el Papa, un momento de
oración íntimo que de repente vio todo el mundo. Eso me hizo sentir muy expuesta
y me dio mucha vergüenza. Vergüenza porque no soy una cristiana perfecta, y no
quería que aquello pareciera postureo, porque creo que estamos llamados a pasar
de la oración a la acción.

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Pero al mismo tiempo entendí que no tenía nada de
malo, y decidí ser valiente y aprovechar esta oportunidad para contar
precisamente eso: una experiencia que me ha hecho salir muchas veces de mi
zona de confort y que hoy también me da fuerza para escribir estas palabras.
Como Jesús nos recuerda, estamos llamados a ser sal de la tierra.

Antes de nada, me presento. Me llamo María Bueno, tengo 23 años, soy enfermera
y, si hay algo que me define especialmente, es ser scout. Soy scout del Colegio
Nuestra Señora del Pilar de Madrid, donde estudié, y fue precisamente allí donde
empezó todo.

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Hace ya cuatro años, tres amigas de mi edad y yo estábamos en nuestro último
año como niñas en el grupo, en la etapa de Rutas. En esta etapa realizamos un
proyecto de servicio con el que culminamos nuestro camino como scouts,
intentando, como dijo Baden-Powell, fundador del escultismo, “dejar el mundo un
poco mejor de como lo encontramos”.


Empezamos a buscar, a organizar actividades y a conseguir dinero, pero no
teníamos claro qué queríamos hacer. Nos surgían muchas dudas. Queríamos ser
fieles a nuestros principios y no meternos en un proyecto solo porque nos hiciera
sentir bien. Sobre todo, queríamos llevar el escultismo a otro lugar, compartir
nuestra forma de vivir y de servir con niños que quizá nunca habían tenido la
oportunidad de vivir algo parecido.


Y entonces apareció Tamaisan, un proyecto educativo en la misión de Lobur, en
Turkana (Kenia), a través de unos jóvenes que ya habían colaborado allí el verano
anterior con la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol (MCSPA). Desde el
principio nos sentimos muy cómodos con el proyecto.

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Pero tener muchas ganas no hizo desaparecer las dudas, los miedos ni las
dificultades. Nos preguntábamos si aquello serviría realmente para algo, si todo el
esfuerzo merecería la pena, si seríamos capaces.


Y, al final, llegó el momento. En agosto de 2023 realizamos el primer Tamaisan
Summer Camp, un campamento de dos semanas para más de 100 niños de
Turkana. Esta es una región marcada por la pobreza, la sequía y los conflictos
tribales, donde distintas comunidades llevan generaciones enfrentadas. Por eso,
además de creer profundamente en el derecho al juego y en que todos los niños
tienen derecho a ser, sencillamente, niños, para nosotros es muy importante que
el campamento sea un espacio donde puedan convivir, compartir y descubrirse
iguales. Así, durante dos semanas, conviven en el colegio y participan en juegos,
deportes, talleres y momentos de oración, creciendo en valores como la paz, la
amistad, la generosidad y la esperanza.

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Y por eso el proyecto nos robó el corazón. Nos abrió los ojos y nos puso al servicio.
Nos hizo sentir profundamente agradecidos, a pesar de nuestras dificultades,
tenemos muchísimo por lo que dar gracias.


También descubrimos algo que se repite cada vez que uno se acerca a la misión:
que Lobur no es solo un lugar al que vas a ayudar. Recibes muchísimo más de lo
que das. Como nos dice Maque, que vive en Lobur como seglar, aquel lugar es «el
hospital del alma». Nos quitó miedos, nos hizo crecer y nos dejó una huella que
todavía llevamos con nosotras. Y a través del ejemplo de Maque vimos también un
Evangelio vivo: el de quien deja comodidades, se pone al servicio y sale al
encuentro de los demás.


Con todo eso volvimos a España. Y volvimos al año siguiente, y al siguiente. El
proyecto fue creciendo y nosotros seguimos comprometidos con él.
Este año he vuelto a Lobur después de dos años sin estar allí, ya que el año
anterior había estado de prácticas en Camerún (aunque esa es otra historia). Esta
vez volvía diferente, siendo enfermera de verdad, con todas las lecciones de
Camerún, y coordinando el campamento junto a mi amiga Sonia. Sin embargo, los
miedos volvían a aparecer, pero esta vez, también crecían las certezas. En cuanto
llegué me di cuenta de cuánto había cambiado todo: yo había crecido, y el
proyecto también. El colegio había crecido, y estábamos viendo cómo se hacía
realidad algo fundamental para nosotros: los valores que trabajamos en el
campamento poco a poco estaban calando en los niños.


El campamento salió realmente bien, y lo que pasó el último día nos lo confirmó.
Durante la despedida, se levantó un niño llamado Titus Etabo y, con una valentía
que nos dejó a todos sin palabras, se dirigió a los padres y les dijo que tenían que
dejar a sus hijos ir al campamento porque allí aprendían a servir, a cuidar, a amar,
a vivir en paz y a respetar a los demás.


En ese momento entendimos que, quizá, sí estábamos consiguiendo aquello que
buscábamos cuatro años atrás. No cambiar el mundo entero. Simplemente, como
decía Santa Teresa de Calcuta, no siempre podemos hacer grandes cosas, pero sí
pequeñas cosas con un gran amor. Y quizá eso es Tamaisan para nosotros:

Lo unico q me he dado cuenta q al final falta esto: pequeñas cosas que, hechas juntos y desde el amor, dejan una huella mucho más grande de lo que imaginamos.Hace cuatro años nos preguntábamos si merecería la pena salir de nuestra zona de confort para ir hasta Kenia. Hoy creo que la pregunta es otra: ¿qué mundo queremos construir si cada uno decide poner sus dones al servicio de los demás? Yo no sé si algún día conseguiremos cambiar una vida entera. Pero sí sé que quiero seguir sirviendo y aprendiendo de quienes encuentro en el camino. Porque quizá ser sal para el mundo no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en estar dispuesto a salir, darse y amar allí donde uno hace falta.

María Bueno
Madrid

Meditaoración Cádiz

“Cultivar la oración es la cualidad más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

En la comunidad de Fe de San Felipe Neri de Cádiz, desde el año pasado celebramos cada miércoles, un tiempo semanal al que llamamos Meditaoración en donde gustar del silencio, despertar y hacernos conscientes de nuestra realidad, respirar y encontrar paz en el corazón.

Hacer espacio para que pueda ser habitado por quien nos da el ser y avivar en nosotros la pasión y el amor que vienen de su Fuente. La intención nace de la creencia de que la práctica de la meditación/mindfulness puede ayudar a formar personas y sociedades más conscientes, éticas, compasivas.

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“Tú primero, y después esta inspiración, abrazará a otros” XIV Dalai Lama.

¿Para qué puede servir la aplicación de mindfulness en los miembros de nuestra Comunidad de Fe? El objetivo general del programa Meditaoración es el desarrollo de la regulación atencional en Jesús y de la competencia socio-emocional-espiritual desde la comunidad cristiana.

“Meditar es no pensar en Dios, no pensar en teología, no pensar en religión. Meditar es algo mucho más grande que eso. Es estar con Dios” (Main, 2024).

La práctica y cultivo de la meditación, la oración y la lectura del evangelio, nos permitirá en primera persona del plural/singular, proponer un contexto espiritual basado en el mindfulness.

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¨Lo mejor es enemigo de lo bueno”.

Nuestra práctica es en comunidad, e invitamos a los meditadores, y desde este espacio lo hacemos con vosotros, a encontrar un momento y espacio de tu vida en el día a día de cultivo y meditaoración personal. Así se facilita el aprendizaje, su comprensión y su generalización a través de una experiencia individual, en un horario amable y fácil de cumplir que permita y facilite constituirlo como un hábito de vida y un momento de meditaoración, en la intimidad de tu hogar, tú y Jesús.

Bibliografía

Main, J. (2024). El deseo de profundidad y sentido – Aprender a meditar con John Main (Ng, Ed.; 9.a ed.). PPC, Editorial y Distribuidora, S.A.

Enlace de práctica básica iniciática

Emilio J. González de la Muela

Encuentro CLM Internacional Colombia 2026

“Os tomare de entre las naciones, os reuniré  de todos los países y os conduciré a vuestra tierra.” EZ 36,24

Colombia es un país excepcional donde la naturaleza te invade y la lucha entre lo moderno y la pobreza es una constante en sus calles. Pero lo mejor de Colombia son sus gentes, la acogida al extranjero; sea de donde sea, la amabilidad de sus palabras, de sus sonrisas… son humanidad en su pleno apogeo. Y desde esa amabilidad fuimos acogidos en el 9 Encuentro Internacional de las Comunidades Laicas Marianistas, celebrado en Bogotá del 17 al 23 de agosto. Es muy difícil de describir, pero sentirse en familia con personas de otras partes del mundo, es una sensación que revive el sentimiento de humanidad y comunidad de una forma maravillosa. Las marianistas y los marianistas siempre hemos creído en el respeto hacia cada una de las personas que formamos este carisma, contemplar como las culturas de los distinto lugares lo enriquecen, hace que nos hayamos repetido una y otra vez “el carisma marianista está muy marcado”. Porque está muy marcado en la libertad, en la forma de salir al mundo con Vida, y en la forma de vivir la espiritualidad desde la Fe del corazón. Una ilustración, una pulsera, una imagen de la virgen coreana, una botella de vino con la etiqueta de Chaminade, una universidad americana… es lo material que resume nuestro carisma, todo realizado desde el Amor que nos impulsa en nuestros lugares, en nuestros territorios, en nuestras ciudades.

Tomarles el pulso a nuestras comunidades, a nuestra vida, a como mejorar nuestra organización, nuestra misión…fueron algunos de los aspectos que tratamos desde cada continente. Pero no hubo día más fructífero como el de ver y contemplar con nuestros propios ojos la vida marianista en pequeños proyectos de barrios olvidados de Bogotá, donde un grupo de laicas, religiosas y religiosos dan vida al mensaje de Jesús para cuidar y atender a los que mas lo necesitan. Proyectos de misión compartida repletos de cariño, dedicación y humanidad. Y en esa misión compartida, aun necesitamos avanzar hacia la construcción de una iglesia donde todos y todas damos pasos hacia delante, dónde los laicos asumimos que nos toca estar en sitios que nunca estuvimos y dónde los sacerdotes también deben soltar y confiar.

Vivir con los signos de los tiempos significa escuchar a los mas jóvenes que estuvieron muy presentes en el encuentro, sin ellos es imposible avanzar. Es necesario cuestionarnos nuestra iglesia para poder transformarla, ellos y ellas son los que mejor saben derribar muros en una sociedad que les invita a todo lo contrario.

Damos las gracias al anterior equipo internacional por todo el servicio realizado y damos la bienvenida al equipo nuevo liderado por Matt Dunn (EEUU) y nuestra Leles Quero (Almería) como responsable de Europa.

Y yo personalmente quiero dar las gracias a todas y cada una de las personas que formáis las Fraternidades Marianistas de Madrid, por haberme dado la oportunidad de haber vivido esta experiencia. Quizás todos y cada uno de nosotros deberíamos de pasar por ella alguna vez en nuestra vida, enriquece infinitamente la manera de ver nuestro carisma, nuestra iglesia y nuestra forma de vivirla. Gracias, gracias, gracias!

Llani
Fraternidad Inmortales