50 años casa Isaías XI

1976 – 2026: 50 AÑOS DE ISAÍAS XI

Antes de comenzar estas líneas, explicar que es ISAÍAS XI (hay mucha gente que probablemente le suene, haya escuchado algo de refilón, o no lo conozca, o no sepa simplemente porque no ha ido nunca o está lejos o es joven o …).

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ISAÍAS XI es en espacio, un prado grande, posiblemente unos 10.000 m2 cuadrados, sencillo, sin pretensiones, en la sierra de Madrid, a unos 45 kilómetros de la ciudad, al pie de la carretera en la localidad de Zarzalejo, al oeste, a unos 5 kilómetros de El Escorial, perteneciente a la Provincia de España de los Marianistas (Fundación Chaminade), con una pequeña casa, hecha “en varias ampliaciones”, con su porche, con su capilla, con sus habitaciones, con sus árboles, con su pozo, con sus encinas, con sus dos chopos, con su charca con renacuajos de vez en cuando, con sus piedras de granito, con su puerta de acceso, con su muro …

Este espacio, que comenzó sin luz, sin agua, durmiendo bajo las estrellas, y que poco a poco se fue construyendo, con campos de trabajos, es un espacio utópico, nacido en 1976 y que el pasado, sábado, 10 de octubre de 2026, se conmemoró los 50 años (sus L annus, como dirían los romanos) de un proyecto, ISAÍAS XI, que parece muy vigente (aun) hoy.

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ISAÍAS XI toma su nombre, su objetivo, del libro del Antiguo Testamento y su capítulo XI, donde, con el tono profético que le caracteriza, celebra el advenimiento del Mesías y el establecimiento de un reinado de paz:

“Saldrá un renuevo del tocón de Jesé

y de su raíz brotará un vástago.

Sobre él se posará el espíritu del Señor:

Espíritu de prudencia y sabiduría,

Espíritu de consejo y valentía,

Espíritu de conocimiento y respeto del Señor.

No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas,

juzgará a los pobres con justicia,

con rectitud a los desamparados.

Ejecutará al violento con la vara de su boca,

y al malvado con el aliento de sus labios.

La justicia será el cinturón de sus lomos

y la lealtad el cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero

y la pantera se tumbará con el cabrito,

el novillo y el león pacerán juntos:

Un muchacho pequeño los pastorea.

La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas;

el león comerá paja con el buey.

El niño jugará en la hura del áspid

la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.

No harán daño ni estrago por todo mi monte santo;

porque está lleno el país del conocimiento del Señor,

como las aguas colman el mar.”

Isaías, XI 1-9

Así empezó ese sueño, en 1976, una comunidad, un espacio, un lugar de encuentro, para la paz, para construir el reinado. La casa de Isaías XI rápidamente se convirtió en un lugar para la oración, para celebrar Pentecostés, para campos de trabajo, para campamentos de verano, encuentros de docentes, momentos del catecumenado, ejercicios espirituales, formación de animadores, Semanas Santas, Triduos Pascuales … Noches de conversación, momentos de reflexión, inicios de cursos, celebraciones de bautismo, casamientos, reuniones de Fraternidades, de CEMI, de los scouts, el final de caminatas, el comienzo de los atardeceres (siempre impresionantes y preciosos) …

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Tantas cosas han pasado en estos 50 años, 1976 – 2026 por ISAIAS XI.

Quien no recuerda … dormir en el suelo del salón, o fuera en una tienda, o sin ella, o calentarse cerca del hogar de la chimenea, o llegar en tren y caminar desde la estación, con los lumigases hasta que llegó la luz, o la pequeña cocina, o cuando se construyeron las “celdas” para dormir con más baños con la capilla, o el olor a la lluvia recién caía, o el cansancio después de caminar desde El Escorial, o …

Pero ISAÍAS XI sigue, sigue abierto, sigue utópico, sigue queriendo ser un lugar para todos, parte de nuestra vida, de nuestro crecimiento, aportando para seguir construyendo una sociedad mejor, un entorno mejor. No sabemos que deparará dentro de 50 años, pero mañana … ISAÍAS XI sigue soñando.

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En recuerdo y agradecimiento de todas aquellas personas que han contribuido a este proyecto (seguro que se nos pasan nombres, pero no dejar de mencionar algunos de ellos, y también grupos): la (s) Comunidad (es) de San Mateo, Lié M. Antonio Glez Paz, Carlos, Mercedes y Cecilio, Mercedes, Cristina y Juan, Concha y Daniel, Scouts, Daniel, Fraternidades, CEMI, las Hermanas Marianistas, los Marianistas, Julián, Enrique, Diego, Juanjo, Vichi y Fernando, los colegios, los grupos de montaña, las parroquias, los campos de trabajo, los niños, los jóvenes, las familias … los animales, las estrellas, los árboles, las plantas, el pasto … y seguro que muchos más que habéis estado, aportado, vivido, disfrutado … en Isaías XI.

Alejandro Fernández de las Peñas

Fraternidad EL ARCA DE NOÉ

Madrid

Convivencia La Burbuja Madrid

Hay citas que, de tanto repetirse, terminan formando parte de lo que somos. Y para La Burbuja, septiembre es una de ellas.

Como cada septiembre desde hace ya 25 años, los días 19 y 20 volvimos a encontrarnos para celebrar nuestras convivencias de inicio de curso. Una cita que tiene algo de vuelta a casa, de reencuentro después del verano y, sobre todo, de volver a poner la vida en común.

Porque para nosotros empezar el curso no consiste solo en sacar las agendas y mirar qué tenemos por delante. Venimos del verano, de un tiempo en el que intentamos bajar el ritmo, descansar, disfrutar de nuestras familias y también reposar un poco la vida. Y llegamos a septiembre después de haber revisado nuestros proyectos personales de vida y con una pregunta que, de una forma u otra, nos acompaña desde hace muchos años: ¿qué quiere Dios de mí, de nosotros, en este momento de nuestra vida?

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Puede parecer una pregunta grande. Y lo es. Pero hemos aprendido que se responde poco a poco, compartiendo la vida tal y como viene.

Por eso estas convivencias tienen mucho de intimidad y también de vulnerabilidad. Nos contamos dónde estamos, qué nos preocupa, qué nos ilusiona, qué nos está costando y qué motivos tenemos para dar gracias. Nos escuchamos. Nos acompañamos. Y durante unas horas ocurre algo que quizá sea difícil de explicar desde fuera: la comunidad se hace una ante los retos, las dificultades y también ante las alegrías de cada uno.

Y así llevamos 25 años.

Eso significa también que nuestra comunidad ha crecido. Y mucho.

Hoy en La Burbuja somos 22 adultos y más de 30 niños. Así que allí nos fuimos todos: más de 50 personas dispuestas a compartir un fin de semana juntas. Los mayores con nuestros proyectos de vida, nuestras conversaciones y nuestras preguntas. Y los pequeños llenando cada rincón de carreras, juegos, risas y ese maravilloso caos que inevitablemente acompaña a una comunidad con tantos niños.

El lugar también empieza a ser parte de nuestra historia. Volvimos a la casa de las hermanas de Sotillo, donde nos sentimos ya casi como en nuestra propia casa. Hay lugares que uno termina asociando a determinados momentos de la vida y, para nosotros, Sotillo empieza a ser uno de ellos.

Y en medio de todo lo vivido durante el fin de semana tuvimos, además, uno de esos pequeños regalos que a veces aparecen cuando menos los esperas.

El sábado en la tarde acudimos juntos a celebrar la Eucaristía a la iglesia del pueblo. Allí nos recibió Cecilio, su párroco, con muchísimo cariño. Nos hizo sentir parte de la celebración, nos dejó cantar —algo que tratándose de nosotros siempre agradecemos especialmente— y nos regaló una homilía que parecía, literalmente, hecha a medida para La Burbuja.

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El Evangelio era el de los trabajadores de la viña (Mt 20,1-16).

Y después de todo lo compartido durante el fin de semana, no podía encajar mejor.

Un Evangelio que vuelve a recordarnos que la lógica de Dios no siempre es la nuestra. Que sus caminos descolocan nuestros cálculos, nuestras comparaciones y nuestra forma de medir. Que Dios no lleva nuestra contabilidad. Que su manera de mirar está marcada por una generosidad y una misericordia mucho mayores que las nuestras.

Y quizá eso era precisamente lo que necesitábamos escuchar para empezar este nuevo curso.

Después de pasar un fin de semana poniendo sobre la mesa nuestras vidas, nuestros proyectos, nuestras dudas, nuestros aciertos y también nuestras fragilidades, el Evangelio volvía a colocarnos ante lo esencial: dejarnos sorprender por los caminos de Dios y confiar en que Él sigue saliendo a nuestro encuentro, en momentos distintos y de maneras diferentes.

Volvimos a casa el domingo con niños cansados, coches cargados, alguna que otra hora de sueño pendiente y, seguramente, más preguntas que respuestas.

Pero también volvimos con la sensación de haber hecho, una vez más, algo profundamente nuestro.

Parar. Mirar nuestra vida. Compartirla. Ponerla delante de Dios. Y volver a caminar juntos.

25 años después, aquí seguimos.

Y comienza un nuevo curso.

Carmen Storch de Gracia
Fraternidad La Burbuja, Madrid

Gracias, Anabel. Gracias, Fermín.

Muchos fraternos participamos de distintas tareas dentro de las fraternidades. Algunos dedican su energía a colaborar en las tareas de gobierno; lo hacen de manera silenciosa, sin focos, trabajando para que la realidad de Fraternidades funcione y podamos disfrutar de… Este es el caso de Anabel, secretaria del Consejo, y de Fermín, el tesorero. Con el comienzo de este curso, acaban su dedicación a Fraternidades en esos encargos, y desde el consejo queremos agradecer tantos años dedicados.

Anabel Ramiro pertenece a “Luz y sal”; se incorporó al Consejo como secretaria con nuestro querido Tato; permaneció con Javier y un año, con Chicho. Decir esto es decir que ha hecho mucho trabajo para hacer posible que muchas de las realidades que disfrutamos en Fraternidades funcionen.

Su presencia en el consejo garantizaba la solidez; empezaba con anticipación para conseguir viajes más económicos, aportaba desde su gran conocimiento de Fraternidades, y nos resumía los temas y acuerdos en un acta; su solidez y su constancia hacían que, al final, los temas avanzaran con todos los puntos de vista incluidos.

Te vamos a echar de menos, Anabel. Pero seguro que seguirás aportando a las fraternidades desde cualquier encargo, trabajando para alguna línea de acción (ya estás en el equipo de la línea de formación) y en muchos otros temas.

Anabel

Gracias, Anabel.

Fermín Fortuño es miembro de “Algo nuevo está naciendo”. Ninguno nos explicamos cómo, además de criar a sus hijos, muchos, trabajar muchas horas, y viajar por motivos profesionales, puede tener tiempo para atender las cuentas de Fraternidades, y hacerlo siempre con una sonrisa y con mucha mucha diligencia. A veces, sufría la falta de información, pero su dedicación y sus conocimientos solucionaban los temas con rapidez; pensad en la Asamblea: los pagos, los cobros, las transferencias… todo dispuesto y solucionado para disponer de las cuentas en poco tiempo; sin olvidarnos de las domiciliaciones ni de la relación con el banco y con su sistema informático (no siempre tan ágil como él…).

Fermín, además de disfrutar de su gran familia, nos va a seguir aportando mucho a Fraternidades, junto con Luisa; y no solo en los números, también en muchas historias que os iremos contando.

fermin

Gracias, Fermín.