En memoria de Ignacio Zabala sm

La vida son rostros. Personas que aparecen y desaparecen. O que permanecen. Son vidas cuyas palabras, actos o momentos compartidos nos permiten identificar la presencia constante del Señor. Ignacio apareció y permaneció; y su vida nos acercó a Jesús.

Le conocimos como Director del Colegio del Pilar, siendo nosotros alumnos. Nos acercamos más a él a partir del año 2000, cuando iniciamos el camino de una nueva fraternidad. La Burbuja.

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La relación con él no siempre fue sencilla. Su rectitud chocaba con nuestro momento vital. Él y nosotros tuvimos la suerte de que le acompañara como asesora nuestra querida Carmina. Juntos formaron una pareja perfecta, una combinación divina. Ignacio la coherencia, la educación, la razón; la búsqueda racional y disponible de la voluntad de Dios. Carmina, la entrega sin límites, incondicional, continua y amorosa al Padre.

Esos años iniciales de la fraternidad eran para nosotros momentos vitales de grandes decisiones. Nuestra incorporación al mundo de los adultos. Ignacio nos acompañó de forma significativa en todos los pasos individuales que íbamos dando: los estudios, los noviazgos, los trabajos, las bodas; y también nuestra manera de acercarnos al prójimo o nuestra presencia como cristianos laicos en la sociedad. Nos ayudó a entender la importancia de tener un proyecto personal de vida coherente y sólido, generado a partir de la voluntad de Dios. Nos invitó a profundizar en la oración personal; profunda, constante, desde la humildad de ponerse frente al Padre, pero con la ambición de su amor.

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Y nos acompañó también en el nacimiento y “consolidación” de nuestra comunidad, con una visión de comunidad cristiana y humana, de familias, con Cristo en el centro y abierta a los demás.

En 2008 a Ignacio le destinaron a La Línea de la Concepción y dejó de ser nuestro asesor. Ahí podría haber acabado nuestra significativa experiencia con él. Pero no. De manera premeditada quiso no sólo mantener su relación con personas concretas de la fraternidad, sino acompañar, de manera indirecta, el camino de la comunidad al completo. A la distancia, escribiéndonos siempre con sugerente contenido. Y también con su presencia intermitente en nuestras casas, disfrutando de múltiples eucaristías en las que nuestros hijos pequeños acababan inevitablemente con su paciencia.

En todo este camino en el que nos ha acompañado, nos ha dado mucho. Por lo que hacía con nosotros y por su propio camino personal que también, humildemente, hemos acompañado: momentos difíciles en sus puestos de responsabilidad o en su familia, el cambio radical a la Línea, la entrada en la vejez con su vuelta a Madrid y su paso por San Sebastián.

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Y la dichosa enfermedad. Dichosa pero bendita. El regalo de los últimos años ha sido precioso; un Ignacio más frágil y espontáneo, hablándonos de manera distinta. Con el mismo compromiso para acompañarnos mutuamente y pudiendo ser descubierto por los miembros más recientes de nuestra fraternidad.

Muchas personas pasan. Pocas tienen un impacto importante desde la permanencia en nuestras vidas. Ignacio permaneció y nos llenó de frutos.

Y desde la fe, seguimos convencidos de que, de forma distinta, Ignacio permanece hoy también con nosotros y nos sigue acompañando.

Ánimo pues.

Camino de Santiago SFN 2026

El pasado 25 de junio, un grupo de 90 alumnos de 1.º de Bachillerato y 12 monitores poníamos rumbo a la Cruz de Ferro para comenzar allí nuestra peregrinación hacia Santiago.

Después de casi veinte años desde la última vez que participé como monitora, decidí lanzarme de nuevo a esta aventura gracias a la invitación de Óscar Iglesias. Jamás imaginé que, después de tanto tiempo y con todo lo que ello conlleva, disfrutaría tanto de esta experiencia.

Todo comenzó con una emotiva misa del peregrino, preparada con mucho cariño y acompañados por nuestras familias. Fue el mejor punto de partida para este camino.

Tras muchas horas de viaje nocturno en autobús, llegamos a la Cruz de Ferro. Allí, una sencilla oración y el gesto de depositar nuestras piedras comenzaron a dar un sentido especial a esta peregrinación.

Han sido nueve etapas hasta llegar a Santiago. Muchos kilómetros recorridos. Conversaciones interminables, risas, algún que otro llanto, tiempo compartido, convivencia, canciones, palabras de ánimo y muchos achuchones.

Me siento orgullosa de poder decir que ha sido un Camino de diez. Porque cuando las cosas se preparan con cariño, se les dedica tiempo, ilusión y esfuerzo, y se hacen con amor del bueno, es muy difícil que salgan mal.

 Alumnos y monitores en la entrada a Portomarín.

Hemos acompañado a un grupo numeroso: 90 adolescentes, casi ‘ná’. Y han sido ellos los verdaderos protagonistas de esta experiencia. También los responsables de que todo haya salido tan bien y de que hayamos vivido unos días tranquilos, alegres y profundamente emotivos.

Con su comportamiento, su implicación, su educación, su cariño y su saber estar, nos han dado una auténtica lección. Nos han recordado, una vez más, que nuestros jóvenes valen muchísimo y que merece la pena confiar plenamente en ellos.

Cada mañana, durante la oración, dábamos gracias a Dios por un nuevo día y por la oportunidad de vivir esta experiencia. Invitábamos a nuestros alumnos a alzar la mirada, y ese ha sido el hilo conductor de todo el Camino. Cada jornada comenzaba poniendo a Jesús en el centro. Qué importante ha sido dar sentido a cada etapa escuchando la Palabra de Dios y descubriendo qué quería decirnos a cada uno de nosotros.

Y mientras algunos se encargaban de alimentar el espíritu, hubo dos personas fundamentales que cuidaron de nuestro cuerpo. No nos faltó una buena comida al finalizar cada etapa, siempre servida con una sonrisa y un buen humor admirables, a pesar del enorme trabajo y de las incontables vueltas que daban cada día con la furgoneta. Gracias, Rafa y Diego, por vuestro esfuerzo, antes y durante el Camino.

Hemos formado un grupo de doce monitores de edades y realidades muy distintas: profesores, catequistas, personal del colegio, antiguos alumnos, fraternos… Sin embargo, nos hemos sentido un auténtico equipo. Un equipo de los buenos, de esos que despiertan una sana envidia al ver cómo se entienden, cómo se organizan, cómo se apoyan, cómo se ríen y cómo disfrutan conviviendo.

Ha sido un verdadero lujo y un enorme privilegio compartir estos diez días con todos ellos. Sinceramente, creo que era imposible hacerlo mejor.

Merece la pena vivir una experiencia así junto a nuestros jóvenes. Merece la pena alzar la mirada para descubrir que Dios está presente en cada uno de ellos; que ha caminado con nosotros en cada paso, en cada mano tendida para ayudar al otro, en cada paisaje, en cada abrazo y en cada palabra de ánimo.

Equipo de monitores

Gracias a todos los que habéis hecho posible que este Camino de Santiago San Felipe Neri 2026 quede grabado para siempre en mi corazón.

Gracias por todo el trabajo realizado antes de comenzar, por el buen hacer de cada uno y por el cariño puesto en cada decisión.

Y gracias, Óscar, por pensar en mí y regalarme la oportunidad de volver a vivir esta maravillosa experiencia junto a todos vosotros.

Porque al final, alzar la mirada no era solo contemplar el horizonte, sino descubrir a Dios en cada paso, en cada persona y en cada instante compartido.

Buen Camino.

Marta Carrera, fraternidad Guillermitos

Pentecostés Madrid Junio 2026

En Carabanchel tenemos otra pradera, alternativa a la del Paseo del 15 de Mayo, alejada del barullo típico de las ferias. Y en esa pradera ya es tradición celebrar a otro Santo, el Espíritu Santo. O al menos es lo que hacemos las Fraternidades de Madrid.

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Me han pedido que escriba sobre la fiesta de Pentecostés que los fraternos de Madrid celebramos el pasado veintitrés de mayo y me han pillado un poco con el pie cambiado, porque debo confesar que este año estuve un poquillo ausente durante ese tiempo. Uno ya es algo mayor y a veces se deja llevar por la nostalgia. Y ese día no pude evitar el recordar a los hermanos que otros años habían estado conmigo codo con codo ayudando con las mesas, sillas, bebidas, cada uno según sus posibilidades: Paco, Antonio, Dimas… que ya no estuvieron ni estarán más allí físicamente pero sí en espíritu.

Pero de otro Espíritu me han pedido escribir hoy, el Espíritu Santo que nos congregó ese día a todos en el frescor de la pradera del Colegio Amorós.

La primera y agradable sorpresa fue ver, junto a las habituales caras de fraternos y religiosos marianistas de toda la vida, a los que siempre es un gustazo volver a ver y abrazar, otras caras nuevas, jóvenes. Y más alegría aun fue poder comprobar en las reuniones que se hicieron por grupos que esas nuevas incorporaciones vienen con ganas y energías para sacar adelante este bonito proyecto, siempre inacabado, que son la Fraternidades Marianistas. Al menos yo necesitaba ver eso, puesto que a veces el pesimismo no nos deja ver más allá.

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En esos grupos de trabajo que se crearon pudimos trabajar sobre pasajes del Evangelio que no por ser los clásicos de Pentecostés dejan de ser iluminadores para esta comunidad que formamos. El fruto de esa inspiración lo expusimos durante la celebración de la Eucaristía, concelebrada por Antonio y Pachi.

Durante la celebración eucarística también oficializamos la elección de la nueva Responsable Regional, Lucía Arroyo. Aprovecho para darle las gracias desde aquí por su ofrecimiento y le deseo lo mejor en el desempeño de su servicio.

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Como remate de la jornada compartimos un pequeño ágape con lo que todos los asistentes llevamos para compartir.

No puedo terminar esta reseña sin agradecer a los organizadores el tiempo y la ilusión dedicadas a prepararlo todo. Gracias, Rocío Romero y Mariví Bescansa, Borja y Espe. Y por supuesto a la dirección del Colegio Amorós por poder disfrutar un año más de este magnífico paraje.

Pedro Luna

Maranatha (Carabanchel)