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22 octubre 2026

Inteligencia artificial: ¿También al servicio del Reino de Dios?

En la actualidad, la Inteligencia Artificial se encuentra en el centro de una profunda transformación social. Genera fascinación por sus posibilidades, pero también dudas éticas sobre el futuro del trabajo, la veracidad de la información y la deshumanización de las relaciones humanas.
Fraternidades Marianistas Provincia de Madrid

La historia de la fe cristiana es también la historia de cómo la Iglesia ha abrazado la tecnología de cada época para ponerse al servicio del Evangelio. Cuando San Pablo escribió sus cartas, utilizó la sofisticada red de calzadas del Imperio Romano durante los años 46 d.C y 58 d.C para que la Palabra viajase más rápido. Siglos después, la invención de la imprenta por Gutenberg hacia 1440 – 1450 no solo democratizó el acceso a las Sagradas Escrituras, sino que multiplicó la capacidad de la comunidad cristiana para formarse y compartir su fe. La radio, la televisión y, más recientemente, la llegada de Internet han sido nuevos “patios de los gentiles” donde la Iglesia ha tenido que aprender a hablar. Hoy, contemplamos el nacimiento de una nueva frontera tecnológica: la Inteligencia Artificial. Lejos de ser algo ajeno a la vida espiritual, la IA representa una herramienta más que, usada con discernimiento, puede ayudarnos a dar forma material y tangible al Reino de Dios aquí y ahora.

Carlos Rioja IA en la construcción del Reino FFMM Madrid

En la actualidad, la Inteligencia Artificial se encuentra en el centro de una profunda transformación social. Genera fascinación por sus posibilidades, pero también dudas éticas sobre el futuro del trabajo, la veracidad de la información y la deshumanización de las relaciones humanas. Ante este panorama, los creyentes no podemos tomar una postura de rechazo ni de fascinación ciega. Nuestra vocación es la interrogar a la tecnología desde los valores del Evangelio y preguntarnos cómo podemos ponerla al servicio del bien común y del amor al prójimo. Como nos recordaba el Beato Guillermo José Chaminade, estamos llamados a responder a los signos de los tiempos con audacia y medios renovados, manteniendo siempre la persona humana en el centro.

Vivimos un momento en el que la IA puede redactar textos, traducir idiomas, resumir documentos, generar imágenes, analizar información o ayudarnos a resolver problemas complejos. Está entrando en el trabajo, la educación, la comunicación y nuestra vida cotidiana. También puede utilizarse para desinformar, manipular, discriminar o sustituir relaciones humanas por interacciones artificiales. No es una tecnología mágica ni infalible: puede equivocarse y presentar información falsa con gran seguridad. Por eso, ante ella no caben ni el rechazo automático ni la confianza ciega, sino el conocimiento, el discernimiento y la responsabilidad.

En este sentido, resulta especialmente iluminador el documento Antiqua et nova, publicado por el Vaticano en enero de 2025, que reflexiona sobre la relación entre la inteligencia humana y la artificial. La Iglesia reconoce las posibilidades de la tecnología, pero recuerda que la dignidad de la persona no depende de su capacidad intelectual ni de su productividad. La IA debe estar al servicio del ser humano y del bien común, nunca al revés.

La Inteligencia Artificial puede convertirse en un aliado práctico para potenciar la misión pastoral, la caridad y el servicio a los demás. En el ámbito de la gestión y la caridad, algoritmos de optimización de rutas y herramientas de análisis de datos permiten a organizaciones como Cáritas u obras sociales marianistas gestionar de forma mucho más eficiente el reparto de alimentos, anticipar necesidades en barrios vulnerables o coordinar el voluntariado con mayor precisión. En la educación y la catequesis, modelos lingüísticos como ChatGPT o Claude ayudan a educadores y agentes de pastoral a diseñar dinámicas adaptadas a distintas edades, resumir textos teológicos complejos o generar materiales visuales explicativos. Asimismo, la IA aplicada a la accesibilidad —como la traducción automática en tiempo real o la transcripción instantánea para personas con discapacidad auditiva— permite que nuestras liturgias y comunidades sean espacios verdaderamente inclusivos para todos.

Sin embargo, la clave del éxito en el uso de la IA no reside en los algoritmos, sino en el corazón de quien los utiliza. La tecnología puede automatizar procesos, redactar borradores o gestionar recursos, pero jamás podrá sustituir la empatía, la escucha fraterna, el abrazo al que sufre, ni la experiencia viva de la fe en comunidad. Nuestro papel como creyentes es aportar el “alma” a la era digital: asegurarnos de que la IA se utilice con criterios éticos, respetando la privacidad, combatiendo la desinformación, y garantizando que la brecha digital no deje de lado a los más vulnerables.

Como cristianos en el siglo XXI, tenemos el desafío y la oportunidad de no ser meros espectadores de esta revolución digital. Poner la Inteligencia Artificial al servicio del Reino de los Cielos significa utilizar cada avance técnico para multiplicar el bien, liberar tiempo que podamos dedicar al encuentro cara a cara y construir una sociedad más justa, solidaria y fraterna. La tecnología cambia, pero la misión sigue siendo la misma: hacer presente el amor de Dios en el mundo.

Las siguientes fuentes han sido accedidas en la redacción de este texto:

– Antiqua et nova (2025). Es la referencia principal para hablar de dignidad humana, responsabilidad moral y bien común.

– Papa Francisco: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón» (2024). Muy útil para relacionar la IA con la comunicación, la verdad y la necesidad de preservar lo humano.

– UNESCO: Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial. Aporta criterios complementarios sobre derechos humanos, equidad, transparencia y supervisión humana.

Prof. Dr. Carlos Rioja del Rio
Universidad de Cádiz
TIC212 Bioingeniería, automática y robótica

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