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¿Ya estamos otra vez de vuelta?

¿Ya estamos otra vez de vuelta?
Septiembre tiene algo extraño. De repente, después de semanas de terrazas, vacaciones, horarios imposibles, siestas que se alargan más de lo previsto y algún que otro “este año sí que desconecto”, aparece septiembre y nos dice: venga, vuelta a la realidad.
Y con ella vuelven los horarios, el trabajo, los colegios, los grupos de WhatsApp que empiezan a despertar… y, por supuesto, Fraternidades.
Pero, ¿cuándo empieza realmente el curso?
Porque una cosa es que el calendario diga que estamos en septiembre y otra muy distinta que nosotros estemos preparados para volver a las rutinas. Después de un verano en el que seguramente hemos cambiado bastante nuestros ritmos, quizá no tenga mucho sentido pretender que el primer día volvamos a ser exactamente los mismos que dejamos en junio.

Los comienzos tienen algo bonito precisamente por eso: son una oportunidad para empezar de nuevo.
No necesariamente para llenar septiembre de propósitos imposibles, sino para preguntarnos tranquilamente qué queremos recuperar, qué queremos cambiar y, sobre todo, qué merece la pena mantener.
También en Frater.
Después de un verano más o menos intenso, retomar el ritmo del grupo puede costar. Volver a quedar, ponerse al día, recuperar la dinámica de las reuniones, sacar un rato para la oración, volver a compartir la vida… Al principio quizá nos dé un poco de pereza. Y probablemente el primer encuentro después del verano consista, en un porcentaje bastante elevado, en contarnos las vacaciones unos a otros.
Y está bien.
Porque retomar Frater no consiste simplemente en volver a hacer reuniones, sino en volver a encontrarnos.
Quizá por eso no haya que obsesionarse demasiado con cuándo empezar. El curso puede empezar cuando volvemos a tener ganas de compartir, cuando volvemos a necesitarnos unos a otros o cuando nos damos cuenta de que, entre tanta rutina, también necesitamos un espacio para parar y mirar hacia dentro.
Eso sí, una cosa es tomárselo con calma y otra dejarlo para “cuando estemos todos un poco más organizados”. Sabemos cómo acaba eso. Primero septiembre, luego octubre, después “con el puente mejor”, llega noviembre y de repente estamos preparando la Navidad.
Así que quizá septiembre sea un buen momento para volver a poner Frater en la agenda, no como una obligación más, sino como una prioridad que nos ayuda a ordenar las demás.
Y, sobre todo, volver con una actitud sencilla: sin esperar que todo sea exactamente como antes, sin exigirnos que el grupo funcione perfecto desde el primer día y sin olvidar que lo importante no es cumplir un calendario, sino seguir construyendo comunidad.
Porque los comienzos también son una forma de recordar por qué estamos aquí.
Así que sí: toca volver.
Volver a vernos.
Volver a escucharnos.
Volver a rezar juntos.
Volver a celebrar.
Volver a compartir la vida.
Y, si puede ser, volver con ganas.
¡Feliz comienzo de curso, a todos!
Ignacio Palop
Fraternidad Dando Vida




